IMG_20131118_201856Hay memorias que quedan grabadas para siempre, aunque quienes nos las traigan a la mente ya no estén.
 
Visitar el lugar donde se produce la Malta India, fue un viaje al pasado, a ese pasado donde nuestras tías abuelas nos recibían a mi hermana y a mí con la frase “hay maltita en la nevera” y si por alguna razón allí no estaban las maltitas,  ir al supermercado de la esquina con ellas, donde se las apuntaban en la libreta bajo su nombre. Esto  se convertía en la aventura del día.
 
Era la aventura de no vivir en San Juan, de ir escuchando a mami y papi cantar Los Panchos por tres horas. De cruzar el puente de la carretera número dos y mi hermana y yo gritar de alegría: “Llegamos a Mayagüez.”,  de que nos recibieran no una ni dos, sino tres tías felices de vernos, una abuela y un tío también.
 
Ver esas maltitas correr por la correa de producción, de donde salen para todo Puerto Rico y para el mundo, me llevó a ese lugar, al lugar donde he ido desde que nací, al que he seguido yendo aunque mis tías y tíos ya no estén, a sentirme más del oeste que nunca. Es algo que últimamente siento cada vez más fuerte y a donde voy cada vez que puedo a cambiar de aire y a encontrarme con mi propio ser.
 
Vivir en el área metro tiene sus ventajas,  pero llegar al oeste, siempre me hace respirar paz. Entrar a una casa de madera y zinc a estas alturas de mi vida tiene el más grande precio: dormir en cama de pilares, respirar aire que corre en ventanas sin malla metálica y todavía escuchar a mi abuela, que aunque no vidente y no muy alerta, diga “llegaron las nenas”, me devuelve al lugar que tan a menudo abandonamos por el ajoro del día a día, ese lugar de las cosas sencillas, el que cada vez más construímos con memorias.
 
Allí por un rato me quedé, observando una producción compleja, que para mí significaba algo tan simple y extraordinario a la vez. Di gracias por haber tenido a mis tías abuelas en mi vida. Mencioné cada uno de sus nombres y en nombre de ellas me tomé la maltita que me hubieran tenido lista, con el mismo amor como cuando era chiquita y extrañándolas tanto como desde el mismo día en que se fueron.
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